miércoles, 30 de junio de 2010

Sirenas Portuarias

Por encima de viejos tejados y agujas desconchadas
Las sirenas del puerto cantan durante toda la noche;
Gargantas venidas de puertos extraños, de blancas playas lejanas
Y océanos fabulosos, concertadas en coros abigarrados.
Ajenas unas a otras, no se conocen entre sí,
Pero todas, por obra de alguna fuerza oscuramente concentrada
Desde abismos ensimismados más allá del curso del Zodiaco,
Se funden en un misterioso zumbido cósmico.
A través de vagos sueños organizan un desfile
De formas aún más vagas, insinuaciones y visiones;
Ecos de vacíos exteriores e indicios sutiles
De cosas que ni ellas mismas pueden definir.
Y siempre en ese coro, tenuamente entreveradas,
Captamos algunas notas que ningún buque terrenal emitió jamás.

H.P.Lovecraft

Vértebra por vértebra

En lo alto de la colina contemplo la vista, veo el pequeño pueblo que está cerca de mi cabaña sumergida en la oscuridad del misántropo bosque (el cual no había visitado durante mucho tiempo) con sus pequeñas casas simétricas pintadas de colores claros, con chimeneas que desprenden nubes de humo ascendiendo en forma de serpiente. Y yo, solitaria, hambrienta y curiosa, deseo acercarme allí, pero tengo que esperar hasta la noche. Aquí el aire es más ligero y fresco, la hierba mucho más alta y verdosa, y no se vislumbra ninguna persona deambular. Aquel lugar es perfecto para mí, pues he venido a perder la fase. El cielo es vespertino, pronto podré bajar para alimentarme.
Después de una hora me hayo en perfecta oscuridad, excepto por los rayos de luz de la luna que atraviesan mi alma, y penetran vertebra por vertebra, mi cuerpo, que empieza a cambiar de forma ¡Entonces mi brazos se separan de mis hombros, quedan más largos, y de repente estoy cubierta de un grueso pelaje negro! Siento como estallan esos nuevos sonidos en mi garganta. Voy corriendo en cuatro patas hacía la villa, bajé tan rápidamente que en un minuto estuve al frente de un mediano hogar que ya había seleccionado, di un enorme salto hacía el ventanal y lo atravesé sin hacerme ningún daño, entré en el momento de la cena de una familia compuesta de tres personas que estaban sentadas en el comedor, una hombre, una mujer, y un pequeño niño. Me abalancé contra al hombre y él trató de darme un puñetazo, pero le atranqué el brazo con mis fauces, seguidamente puse mis garras en sus hombros y le arranqué la cabeza a mordiscos. Gritos. La mujer con la cara deformada de horror gritaba y corría con el niño cargado en sus brazos y yo azoté mis uñas en su espalda, desesperada ignoró el dolor y siguió corriendo para sobrevivir, tomé uno de sus pies y lo arrastré hacía atrás, hasta que pude arrancárselo completamente.
El niño lloraba, y corrió en cuanto su madre lo había soltado, hice lo mismo que le hice a ella, lo atajé de su pierna, pero no lo maté, simplemente, sin ninguna razón aparente, me lo llevé a la montaña cargado con mi boca y mis colmillos clavados en su pierna, donde el silencio y la oscuridad reinaban.
Era un acto muy egoísta de mi parte, pero sentía tanta soledad… tal vez él preferiría morir antes de vivir con la bestia que había destrozado a sus padres. Pero él no lo sabría, pues estaba inconsciente en mi cabaña, en mi vieja cama, y cuando despertara, no vería a un lobo gigante y feroz, sino a una amable mujer, pero aun así, lo sabría alguna vez, pues él también se convertiría en bestia esta misma noche, porque habría luna llena otra vez.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Recuerdos (Relato)

Caminando entre las corrientes oscuras de mi abandonado hogar llegué a la biblioteca sin darme cuenta. Al fin y al cabo ese era el lugar donde casi siempre estaba, gastando mi energía en limpiar el polvo que caía en mis preciados libros, y esperaba que algún día llegara alguien a hacerlo por mí, alguien que sintiera amor por ellos, como yo.

Miré los libros que escribí cuando aun vivía. Deseaba tanto leerlos otra vez, pero era imposible, era como tratar de ver sin mis anteojos, borroso. Aun así no tenía tanta fuerza como para sacarlos de allí.

La luna iluminaba la habitación, entonces me acerqué a la ventana rota y sin querer llamé a un recuerdo doloroso, mi suicidio. Ese hoyo en la ventana lo había hecho yo, estaba sentada en mi escritorio, justo acababa de escribir mi carta de justificación, entonces accioné el arma contra mi cabeza y la bala atravesó mi cerebro para salir por la ventana llevándose mi vida pero dejando atrás mi alma. Si lo hubiera sabido, no lo habría hecho, pues ahora era mucho peor. Los días pasaban mucho más lento, pues no podía dormir, y cuando sé era un ser como yo apenas habían cosas para hacer. Estaba pagando mi condena por haberlo hecho, no quería volver a estar sola, y creía que ya lo había visto todo. Pero ahora estaría sola para siempre.

Estuve parada al frente de la ventana tanto tiempo, que pude ver el amanecer, otra vez. Unas horas más tarde dos coches se estacionaron al frente de mi casa. De uno salió una anciana que había visto antes, pero no recordaba quien era, ni que hacía allí. Y del otro salió una familia, compuesta de cuatro personas, una pareja y sus dos hijos, un niño y una niña. Que me recordaron a mi hijos, seguramente ellos también habrían tenido hijos ya. Pero no los quería, pues por su abandono me había suicidado.

Cuando entraron pude verlos mejor. La niña me sintió cuando pasé a su lado, pues miró a su alrededor extrañada. Entonces descubrí que hacían allí y quien era aquella anciana.

Dibujé una sonrisa en mi rostro, pues ya no estaría sola.